tu sonrisa sea pan de vida,
en la vida de otros!
Que las riquezas verdaderas,
sean espirituales
y no efímeras y corporales...
Que el amor esté presente en todo momento,
no como un acto de espera,
sino como un obsequio de vida,
en todos tus gestos y movimientos!
No dejes anidar la tristeza...
Sacúdela como la peor de las pestes!
Y al paso de todos tus años,
con las arrugas y canas,
la paz adquirida, sea el suspiro alegre,
que reciba quien a tu lado repose.
Ya dirás tarde que temprano:
"Es una bendición, mi vida
¡Que pequeños son los problemas!"
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