
La Amistad se basa en una relación recíproca de cariño.
Pero también necesita una cuota de respeto y tolerancia.
Un verdadero amigo jamás juzga por lo que ve, no habla sin antes pensarlo tres veces y nunca haría algo que dañara a su amigo.
Para que una amistad sea verdadera no basta con caerse bien, hay que dar el paso definitivo: ayudarse desinteresadamente, sin esperar nada a cambio.
Al amigo se le quiere porque él es él y porque yo soy yo, nada más.
La amistad se orienta hacia el tú y consiste más en un servir que en un sentir.
Ser amigo
de verdad no es fácil, pero vale la pena el esfuerzo.
Es un gozo tener amigos de verdad, conversar con ellos, pasar buenos ratos, penas y alegrías, poder contar con ellos en las buenas y en las malas.
Un amigo de verdad es alguien en quien puedes confiar, la confianza mutua hace posible la autenticidad.
El amor y la amistad
son lo único que da sentido a una vida sin sentido, pero, porque teniendo un amor sincero y amistad verdadera, me siento cada vez más sólo y vacio...
Ninguna relación puede funcionar si no aceptamos a las personas como realmente son en su vida pública.
Como seres humanos tendemos a querer cambiar a los demás y hacerlos a la manera que a nosotros nos parecen que deben ser.
Es cierto que debemos ser una influencia positiva para los demás; no hay nada malo que imitemos lo bueno de ellos y que ellos, a su vez, imiten lo bueno de nosotros, pero los cambios que se realizan en una persona deben hacerse porque ella así lo desea y no por nuestro afán de cambiarla.
Muchas de las grandes amistades que han existido se han formado entre personas totalmente diferentes tanto en carácter como en pensamiento, y muy diferentes entre sí.
También se demuestra la lealtad estando con nuestros amigos ó amigas en las buenas ó en las malas.
Especialmente si están enfermas.
Es más, la verdadera amistad se demuestra en los momentos de prueba, en los momentos más difíciles.
¿Cuántas veces nos hemos sentido mal con un amigo porque no ha sido agradecido de todo el tiempo que le damos? Demos el primer paso, el “gracias” siempre necesario, esa sonrisa que en su simple significado es capaz de derrotar la pena y compartir la alegría.
No hay que ser orgulloso, el “yo” es un gran enemigo de la amistad, porque no es capaz de ayudar a nadie.
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